Yegor capítulo 2

Os traigo el segundo capítulo :)


CAP 2

Poco a poco desperté de lo que había creído ser mi muerte y me sorprendió encontrarme vivo.
La escasa luz que había en la estancia en la que me encontraba, bastó para cegarme durante unos breves segundos Finalmente empecé a divisar sombras alrededor y en seguida pude ver por completo. Me sorprendió encontrarme con un rostro observándome con detenimiento. La tez de
aquel hombre que me miraba era morena, y una rebelde mata de pelo rizado cubría su cabeza. Casi era igual la abundante barba medio rojiza de aquella persona. Sus ojos negros no cesaban de escrutarme.
  • ¿Quien eres?- conseguí decir con la garganta completamente reseca.
  • Soy el Doctor Murray.- contestó con un amable tono de voz.- veamos...- añadió mientras rebuscaba en un maletín.- colócate el termómetro bajo el brazo por favor.
    Hice lo que el Doctor Murray dijo, no sin cesar de mirarlo con recelo.
El doctor Murray cogió su maletín y se apartó de mi lado buscando un lugar donde colocar sus utensilios. Fue entonces, cuando me percaté de dos figuras que esperaban, impacientes cerca de la puerta.
  • ¿Dónde estoy?- les pregunté. La señora, se acercó con paso decidido. Observé su rostro fino como una muñeca de porcelana y de tez blanca. Tenía los ojos rasgados de color verdoso, le daban un aire algo oriental. Llevaba el pelo recogido en un elegante moño.
  • No tienes de que preocuparte. Estás en nuestra casa- dijo sonriendo afablemente- Yo soy Alison Morrison, y este es mi marido Anton Morrison.
    Al escuchar su nombre, Anton se acercó con un semblante muy serio y se colocó junto a su mujer.
  • No se si lo recordarás. Te encontramos en un callejón medio moribundo. Realmente tenías un aspecto horrible muchacho.
Evoqué el recuerdo de aquella noche y sentí un leve escalofrío. ¿Había sucedido todo aquello realmente? Al parecer sí.
El señor Morrison no parecía muy contento con tenerme alojado en su hogar. Era un hombre alto y robusto y de piel blanca. Sus ojos azules y pequeños me miraban con desconfianza. El bigote le cubría prácticamente el labio superior y a penas le quedaba cabello.
  • Os agradezco mucho lo que habéis hecho por mi, pero creo que debería acudir a un hospital- dije convencido de que ellos mismo lo agradecerían.
La señora Morrison se acercó hasta la cama y se sentó suavemente en el borde. Me cogió la mano y la acarició entre las suyas.
  • No queríamos decírtelo aún pero...- Alison mostró una sonrisa un tanto extraña- bueno...cuando te encontramos te llevamos directamente al hospital, pero tu seguro médico había caducado. Habrías tenido que estar días ingresado y el gasto...mejor ni pensarlo.
Bajé la vista algo abrumado. ¿Mi seguro caducado?.
  • Mira, nosotros te encontramos, y no podemos dejarte tirado. Por suerte nuestro vecino y mejor amigo el doctor Murray se hará cargo de ti. En cuanto estés un poco mejor te llevaremos a casa.- añadió el señor Morrison con el semblante muy serio.
Sonó la alarma del termómetro y el Doctor Murray que se había mantenido ajeno a la conversación entró en escena.
  • Mire muchacho- dijo al comprobar el termómetro- ahora mismo tiene muchísima fiebre. Hágame caso y quédese aquí, es la mejor opción visto el resultado.- Cogió de nuevo el maletín y guardó el termómetro- esta a 38,7º. Si saliera ahora mismo por esa puerta, no llegaría ni a la vuelta de la esquina. Ellos cuidarán de usted . No se preocupe
No contesté y me quedé muy pensativo. ¿Y mi família?. Estarían preocupados.
  • Disculpe señora Morrison- dije- ¿Cuanto tiempo ha pasado desde que me encontraron?.
Empecé a sentir de nuevo un horrible dolor de cabeza.
  • Pues le encontramos hace una noche. Ha estado durmiendo el día entero.
Decidí no telefonear a mi familia. Ellos estaban demasiado lejos y no quería preocuparlos.
  • ¿Podría decirnos como se llama joven?, le encontramos sin documentación alguna- dijo el señor Morrison.
  • Me llamo Yegor- contesté.- ¿No he salido de Nueva Orelans no es así?
    La señora Morrison sonrió.
  • No Yegor. Estamos en Nueva Orleans.
Los pinchazos eran cada vez más intensos, la luz de de la habitación me molestaba. Deseaba quedarme a solas, cerrar los ojos e imaginar que nada de aquello había sucedido.
  • Tendrá que tomarse estas pastillas. Parece que ha cogido algún virus estomacal. Se tomará una por la mañana en ayunas, y esta otra después de comer- dijo el Doctor Murray depositando unos frascos en la mesita de noche que había junto la cama.
  • Y estas otras para bajar la fiebre. Cada ocho horas.- Remarcó el Doctor.
    La señora Morrison asintió. Su marido se mantenía distante en el fondo de la habitación.
  • Ahora Yegor, debe descansar y dormir. Así que lo mejor que podemos hacer es dejarlo solo.
El Doctor Murray se dirigió a la salida de la habitación junto al matrimonio. La señora Morrison me echó un último vistazo.
  • Si necesitas cualquier cosa no dudes en llamarnos- dijo mientras cerraba la puerta y aiópgaba la luz.
Solo en la oscuridad me sentí mucho mejor, el dolor de cabeza aflojó un poco. Me destapé ya que sentía como todo mi cuerpo ardía, estaba empapado en sudor. Pensé en todo lo que había ocurrido y me sentí mareado. ¿Que había pasado aquella noche para acabar así?. En cuanto pudiera salir de esa casa investigaría todo lo sucedido. Estaba seguro de que alguien me había drogado.  

Marta
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