Relato Breve, Final
Bueno, como bien dije ayer traigo el final del relato, pero no todo el final. La cosa se ha alargado más de lo que pensaba así que he echo dos partes.
Esta es la primera parte del final, Espero que os guste :)
Relato Breve,
Final parte 1
Cuando me eché a descansar a penas pude conciliar el sueño. El rostro de aquella joven inocente aparecía una y otra vez en mi mente. Y lo poco que pude dormir no dejé de soñar con su cuello, y como desgarraba su garganta y me empapaba de su sangre.
Cuando el sol se hubo posado me desperté como la criatura que era, un horrible depredador. Aquello que había estado intentando ocultar durante tanto tiempo, había vuelto a resurgir por un poco de sangre, cosa que no entendía. Otras muchas veces había estado rodeado de personas con sangre y jamás había reaccionado así. Pero claro, ninguno de ellos olía tan bien como la sangre de Julia.
Completamente fuera de mi salí a la noche a buscar a mi primera victima. Aun que en mi mente había un constante debate sobre lo que hacer y no hacer, las ansias de sangre acababan por disuadir cualquier pensamiento razonable.
Caminé y caminé por las calles vagando sin rumba buscando un objetivo. Mi agudizado oído escuchó la voz de una chica que parecía pedir socorro. Puse rumbo a esa dirección. Me llevó a un callejón al lado de un viejo y solitario restaurante chino.
- ¡Soltarme!.
la voz sin duda alguna provenía de aquel oscuro callejón
Divisé tres figuras. Dos de ellas eran grandes y fornidas y estaban sobre otra mucho mas pequeña.
No se percataron de mi presencia hasta que no estuve a tan solo unos metros de ellos.
El más corpulento giró el rostro hacia mi y apretó la mandíbula furioso. Sus ojos pequeños y azules se clavaron en mi.
- ¿Que cojones miras?, lárgate gilipollas.
Sonreí y continué acercándome lentamente hacia ellos.
- ¿Es que no me has escuchado?- Llevaba el pelo alborotado, era de tez morena. Estaba bastante fuerte y debía medir alrededor de un metro noventa.
- Por favor, ayúdame...- la joven que estaba empotrada contra la pared sollozaba desconsolada. Tenía el labio partido y la mejilla ligeramente sonrojada.
- Cállate zorra- dijo el otro hombre. Este era también alto pero más robusto y sujetaba a la joven con las dos manos, apretando su cuerpo contra el de ella para impedir que escapara, y esperaba a su compañero para seguir con lo suyo.
Me detuve al metro de distancia del primer hombre. Este no parecía nervioso, y aunque yo también era alto, no estaba tan fornido como él y mi aspecto por mucho tiempo que hubiera vivido seguía siendo el de un joven.
- Mira chaval, te estoy dando la oportunidad de marcharte- dijo el hombre- así que o te vas ahora...
- Cállate- dije. El hombre alzó una ceja incrédulo y saco una navaja de su bolsillo.
Veía la furia en su mirada. Me preparé para la estocada. Se abalanzó sobre mi e intentó clavarme la navaja en el estómago. Sin esfuerzo alguno le agarré de la muñeca y con un sencillo movimiento le partí el brazo entero. Cayó al suelo muerto de dolor.
- Hijo de la gran puta...- se retorcía por el suelo.
- Levántate joder- dijo el otro hombre- es solo un chaval.
El otro temblando prácticamente de la rabia que le invadía, volvió abalanzarse sobre mi pero no pude ni rozarme, le agarré del rostro con fuerza, lo miré directamente a los ojos y le dije que iba a morir.
Ladeé bruscamente su rostro y le desgarré con ferocidad el cuello. Empecé a succionar bebiendo la sangre de aquel malhechor. Era reconfortante y creí escuchar de nuevo el latir de mi corazón. Lo lancé al suelo cuando aún le quedaba un poco de vida para que agonizara de dolor.
Con la boca manchada de sangre me dirigí hacia el otro hombre. Este me miraba con los ojos abiertos como platos sin creer lo que acababa de ver.
- Acabas....acabas de comértelo- dijo observando a su amigo.
Esbocé una sonrisa y caminé hacia el. Intentó escapar pero lo alcancé rápidamente, lo estampé contra la pared y repetí lo mismo que había hecho con su compañero.
La bestia se había apoderado de mi. A penas quedaba atisbo de lo que tanto me había costado ser. Un ser que no mataba a humanos y solo se dedicaba a sobrevivir hasta que le llegara la hora de su muerte.
La joven sollozaba echada en el suelo y cubriéndose la cabeza con los brazos. Llevaba un vestido muy ceñido y de color granate. El escote estaba rasgado y sobresalía parte de su sujetado negro que realzaba su pecho.
Me agaché junto a ella y le acaricié el cabello. Ella tembló al sentir mi tacto y los sollozos se hicieron más intensos.
Shh...
Con cariño le aparté los brazos de la cabeza alcé su barbilla. Unos ojos almendrados y de un color verde oscuro preciosos me miraron pidiendo piedad. Las lágrimas que derramaban caían por su fino rostro. Con mi mano sequé una lagrima que se precipitaba hacia su barbilla.
Estaba bastante malherida, tenía heridas por todo el cuerpo y el vestido granate manchado de sangre. Me arrodillé y apoyé su cabeza en mi mano para verla.
El cabello largo y castaño caía un tanto enmarañado por sus hombreos. Sus labios gruesos y seductores estaba repletos de sangre por una herida que tenía en la boca.
Me acerqué a ellos y la besé. Probé su sangre, era dulce pero no como la de Julia. Aquella joven temblaba sobre mis brazos.
- ¿Vas a llevarme al hospital?- preguntó la chica. Pobre inocente
- Voy a curarte yo mismo- contesté mientras le acariciaba el rostro.
Ella mantenía la mirada clavada en mi. Temblaba por el frío y el miedo que sentía.
- ¿Tienes frió?- pregunté. Ella asintió.
- No te preocupes, dentro de poco no sentirás nada de esto.- Esbozó una leve sonrisa.
Aparté el cabello de su cuello y acerqué mi rostro. Olía a perfume barato. Lamí su garganta. Ella se estremeció entre mi brazos. Ansioso por beber y beber hasta saciarme, clavé mis colmillos en su garganta poco a poco y sentí como desgarraba su piel y me abría hacía su interior. De la herida empezó a emanar pequeños hilos de sangre que se derramaban por su cuello hasta perderse en su escote.
Empecé a beber de ella, a embriagarme con su sangre y su olor. La chica se movía intentando zafarse de mi abrazo. Hasta el último momento luchó por su vida. Desgarré con ferocidad aun más su garganta y me empapé por completo de su sangre. Sentir como volvía la calor a mi cuerpo era inexplicable.
Pero aún así estaba frustrada y cabreado. Aquella sangre no era la de Julia, no tenía su sabor y no me calentaba igual.
Cuando me separé de la joven y vi sus ojos abiertos e inexpresivos que me miraban con miedo, volví un poco en sí. Aquella joven estaba en la flor de la vida, y yo se la había arrebatado en vez de ponerla a salvo de los malhechores. Sin duda alguna era un monstruo. Tendí el cuerpo inerte en el suelo y le cerré los ojos. Una furia horrible se apoderó de mi. Todo había sido culpa de Julia, esa joven sinvergüenza. Volví a sentir la ira y a convertirme en el depredador que era, y con una sola cosa en mente me dirigí directamente al embarcadero en busca de Julia.
Marta,
Bueno, esta es la primera parte del final ¿Que os parece?. Espero poder escribir la ya definitiva última parte más tarde.
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Relato Breve,
Final parte 1
Cuando me eché a descansar a penas pude conciliar el sueño. El rostro de aquella joven inocente aparecía una y otra vez en mi mente. Y lo poco que pude dormir no dejé de soñar con su cuello, y como desgarraba su garganta y me empapaba de su sangre.
Cuando el sol se hubo posado me desperté como la criatura que era, un horrible depredador. Aquello que había estado intentando ocultar durante tanto tiempo, había vuelto a resurgir por un poco de sangre, cosa que no entendía. Otras muchas veces había estado rodeado de personas con sangre y jamás había reaccionado así. Pero claro, ninguno de ellos olía tan bien como la sangre de Julia.
Completamente fuera de mi salí a la noche a buscar a mi primera victima. Aun que en mi mente había un constante debate sobre lo que hacer y no hacer, las ansias de sangre acababan por disuadir cualquier pensamiento razonable.
Caminé y caminé por las calles vagando sin rumba buscando un objetivo. Mi agudizado oído escuchó la voz de una chica que parecía pedir socorro. Puse rumbo a esa dirección. Me llevó a un callejón al lado de un viejo y solitario restaurante chino.
- ¡Soltarme!.
la voz sin duda alguna provenía de aquel oscuro callejón
Divisé tres figuras. Dos de ellas eran grandes y fornidas y estaban sobre otra mucho mas pequeña.
No se percataron de mi presencia hasta que no estuve a tan solo unos metros de ellos.
El más corpulento giró el rostro hacia mi y apretó la mandíbula furioso. Sus ojos pequeños y azules se clavaron en mi.
- ¿Que cojones miras?, lárgate gilipollas.
Sonreí y continué acercándome lentamente hacia ellos.
- ¿Es que no me has escuchado?- Llevaba el pelo alborotado, era de tez morena. Estaba bastante fuerte y debía medir alrededor de un metro noventa.
- Por favor, ayúdame...- la joven que estaba empotrada contra la pared sollozaba desconsolada. Tenía el labio partido y la mejilla ligeramente sonrojada.
- Cállate zorra- dijo el otro hombre. Este era también alto pero más robusto y sujetaba a la joven con las dos manos, apretando su cuerpo contra el de ella para impedir que escapara, y esperaba a su compañero para seguir con lo suyo.
Me detuve al metro de distancia del primer hombre. Este no parecía nervioso, y aunque yo también era alto, no estaba tan fornido como él y mi aspecto por mucho tiempo que hubiera vivido seguía siendo el de un joven.
- Mira chaval, te estoy dando la oportunidad de marcharte- dijo el hombre- así que o te vas ahora...
- Cállate- dije. El hombre alzó una ceja incrédulo y saco una navaja de su bolsillo.
Veía la furia en su mirada. Me preparé para la estocada. Se abalanzó sobre mi e intentó clavarme la navaja en el estómago. Sin esfuerzo alguno le agarré de la muñeca y con un sencillo movimiento le partí el brazo entero. Cayó al suelo muerto de dolor.
- Hijo de la gran puta...- se retorcía por el suelo.
- Levántate joder- dijo el otro hombre- es solo un chaval.
El otro temblando prácticamente de la rabia que le invadía, volvió abalanzarse sobre mi pero no pude ni rozarme, le agarré del rostro con fuerza, lo miré directamente a los ojos y le dije que iba a morir.
Ladeé bruscamente su rostro y le desgarré con ferocidad el cuello. Empecé a succionar bebiendo la sangre de aquel malhechor. Era reconfortante y creí escuchar de nuevo el latir de mi corazón. Lo lancé al suelo cuando aún le quedaba un poco de vida para que agonizara de dolor.
Con la boca manchada de sangre me dirigí hacia el otro hombre. Este me miraba con los ojos abiertos como platos sin creer lo que acababa de ver.
- Acabas....acabas de comértelo- dijo observando a su amigo.
Esbocé una sonrisa y caminé hacia el. Intentó escapar pero lo alcancé rápidamente, lo estampé contra la pared y repetí lo mismo que había hecho con su compañero.
La bestia se había apoderado de mi. A penas quedaba atisbo de lo que tanto me había costado ser. Un ser que no mataba a humanos y solo se dedicaba a sobrevivir hasta que le llegara la hora de su muerte.
La joven sollozaba echada en el suelo y cubriéndose la cabeza con los brazos. Llevaba un vestido muy ceñido y de color granate. El escote estaba rasgado y sobresalía parte de su sujetado negro que realzaba su pecho.
Me agaché junto a ella y le acaricié el cabello. Ella tembló al sentir mi tacto y los sollozos se hicieron más intensos.
Shh...
Con cariño le aparté los brazos de la cabeza alcé su barbilla. Unos ojos almendrados y de un color verde oscuro preciosos me miraron pidiendo piedad. Las lágrimas que derramaban caían por su fino rostro. Con mi mano sequé una lagrima que se precipitaba hacia su barbilla.
Estaba bastante malherida, tenía heridas por todo el cuerpo y el vestido granate manchado de sangre. Me arrodillé y apoyé su cabeza en mi mano para verla.
El cabello largo y castaño caía un tanto enmarañado por sus hombreos. Sus labios gruesos y seductores estaba repletos de sangre por una herida que tenía en la boca.
Me acerqué a ellos y la besé. Probé su sangre, era dulce pero no como la de Julia. Aquella joven temblaba sobre mis brazos.
- ¿Vas a llevarme al hospital?- preguntó la chica. Pobre inocente
- Voy a curarte yo mismo- contesté mientras le acariciaba el rostro.
Ella mantenía la mirada clavada en mi. Temblaba por el frío y el miedo que sentía.
- ¿Tienes frió?- pregunté. Ella asintió.
- No te preocupes, dentro de poco no sentirás nada de esto.- Esbozó una leve sonrisa.
Aparté el cabello de su cuello y acerqué mi rostro. Olía a perfume barato. Lamí su garganta. Ella se estremeció entre mi brazos. Ansioso por beber y beber hasta saciarme, clavé mis colmillos en su garganta poco a poco y sentí como desgarraba su piel y me abría hacía su interior. De la herida empezó a emanar pequeños hilos de sangre que se derramaban por su cuello hasta perderse en su escote.
Empecé a beber de ella, a embriagarme con su sangre y su olor. La chica se movía intentando zafarse de mi abrazo. Hasta el último momento luchó por su vida. Desgarré con ferocidad aun más su garganta y me empapé por completo de su sangre. Sentir como volvía la calor a mi cuerpo era inexplicable.
Pero aún así estaba frustrada y cabreado. Aquella sangre no era la de Julia, no tenía su sabor y no me calentaba igual.
Cuando me separé de la joven y vi sus ojos abiertos e inexpresivos que me miraban con miedo, volví un poco en sí. Aquella joven estaba en la flor de la vida, y yo se la había arrebatado en vez de ponerla a salvo de los malhechores. Sin duda alguna era un monstruo. Tendí el cuerpo inerte en el suelo y le cerré los ojos. Una furia horrible se apoderó de mi. Todo había sido culpa de Julia, esa joven sinvergüenza. Volví a sentir la ira y a convertirme en el depredador que era, y con una sola cosa en mente me dirigí directamente al embarcadero en busca de Julia.
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